Serie: Territorios — historia, geografía y cultura de los caminos que recorremos en moto
Esteban Lucas Bridges nació el 31 de diciembre de 1874 en Ushuaia. Era el tercer blanco nacido en esa ciudad. Su padre, Thomas Bridges, había llegado al canal Beagle como misionero anglicano con un propósito tan específico como improbable: aprender el idioma de los Yaghan. Lo logró. Aprendió la lengua con la profundidad suficiente para compilar el primer —y único— diccionario del yámana, treinta mil entradas para describir los matices del tiempo, el agua, el hielo, la luz.
En 1886, Thomas fundó la Estancia Harberton sobre el canal Beagle, ochenta kilómetros al este de Ushuaia. La nombró por el pueblo de Devon donde había crecido su esposa. Es la estancia más antigua de la Tierra del Fuego argentina y sigue en manos de la familia. Los Bridges construirían también la Estancia Viamonte, sobre el Atlántico fueguino. No eran observadores de la colonización: eran parte de ella.
Lucas creció en ese borde del mundo donde los vecinos más cercanos eran Yaghan y Selknam. Aprendió los tres idiomas en simultáneo. Conocía a esas personas desde adentro, con la intimidad que solo da la infancia compartida.

Hermano de sangre de los Selknam
Ya adulto, Lucas se internó en el territorio Selknam —cazadores nómades que habitaban la estepa boscosa del interior de la isla. Fue el único europeo en ser recibido como hermano de sangre. Fue testigo del Hain, la ceremonia de iniciación que ningún foráneo había presenciado.
Cuarenta años después volcó todo eso en El último confín de la Tierra, publicado en 1948. Bridges no escribía como antropólogo sino como alguien que había estado adentro: los nombres propios, el chiste del día anterior, cómo se hacía una trampa para guanaco, cómo olía una ceremonia. La densidad de lo concreto.
Cuando el libro salió al mundo, los Selknam prácticamente habían desaparecido. Lo que quedaba era lo que Bridges había escrito. Sigue siendo la fuente más completa sobre esa cultura y sobre la vida en el extremo sur.
El señor del Baker
En los años veinte, Bridges llegó al Valle Chacabuco, en Aysén, para administrar la Estancia Río Baker. Pasó allí 28 años. A su pico la estancia manejaba 85.000 ovejas en más de 200.000 hectáreas.
Construyó caminos, levantó puentes sobre los ríos del sector, y edificó la escuela que fue el primer núcleo de lo que eventualmente se convirtió en Cochrane. En la Patagonia chilena lo llamaban El señor del Baker.
La contradicción está ahí, sin necesidad de subrayarla: el hombre que mejor documentó la cultura Selknam pasó sus últimas décadas productivas construyendo el emprendimiento ganadero que aceleraba la transformación del mismo tipo de territorio que él había conocido como mundo vivo.
Murió el 4 de abril de 1949 en Buenos Aires.

La vuelta al revés
La estancia continuó operando bajo distintos dueños. En 1964 fue parcelada por la reforma agraria. En 1980, vendida a un propietario privado. La estepa siguió degradada.
En 1995 Douglas Tompkins —fundador de The North Face y Esprit, convertido en conservacionista a tiempo completo— visitó el Valle Chacabuco por primera vez. En 2004, su organización Conservación Patagónica compró las 70.000 hectáreas. Lo que vino después fue sistemático: retiraron más de 25.000 ovejas y 3.000 cabezas de ganado, demolieron más de 600 kilómetros de alambrados con voluntarios de todo el mundo y crearon un programa de monitoreo centrado en el huemul —el ciervo andino en peligro crítico— y el puma.
Tompkins murió en diciembre de 2015 cuando su kayak volcó en el Lago General Carrera. Tenía 72 años. Tres años después, Kristine McDivitt Tompkins donó más de 80.000 hectáreas al Estado chileno. El Valle Chacabuco, sumado a las reservas de Tamango y Jeinimeni, se convirtió en el Parque Nacional Patagonia de Chile — más de 300.000 hectáreas en la Región de Aysén.
En febrero de 2020, Kristine inauguró en el centro del parque la Casa Museo Lucas Bridges. La casa donde Bridges vivió durante sus años en el Baker fue restaurada y convertida en espacio museístico. No fue borrado del lugar sino reconocido en él — con toda su complejidad.
El corredor que une dos mundos
El Parque Nacional Patagonia de Chile no debe confundirse con el Parque Nacional Patagonia de Argentina, aunque son casi vecinos y Tompkins fue artífice de ambos. El parque chileno está en Aysén. El argentino está en Santa Cruz, al otro lado de la cordillera, cerca de Bajo Caracoles y Perito Moreno.
Lo notable desde el punto de vista de un viajero en moto es que los une un mismo corredor: la ruta que atraviesa el Valle Chacabuco conecta la Carretera Austral (Ruta 7) con el Paso Roballos, que cruza hacia Argentina y baja hacia Bajo Caracoles en la Ruta 40. Allí cerca están el parque argentino, la estepa de Santa Cruz y, a pocos kilómetros, el cañadón del río Pinturas donde está la Cueva de las Manos — pinturas rupestres de nueve mil años, el registro más antiguo de presencia humana en la Patagonia.
El mismo camino. Distintas capas de tiempo.
Recorrerlo

La Ruta 7 en el sector del Baker es uno de los tramos más exigentes de la Carretera Austral: ripio suelto, curvas cerradas sobre el río, vistas al Baker corriendo turquesa entre paredes de basalto negro. El cruce por el Valle Chacabuco hacia Paso Roballos es más suave pero más solitario: estepa abierta, cielo enorme, fauna que vuelve. Guanacos donde antes solo había ovejas. Cóndores. Pumas que ya nadie espanta.
Una vez cruzada la frontera, las rutas 41 y 39 bajan hacia Lago Posadas y Bajo Caracoles. Desde ahí, la Ruta 40 se abre hacia el sur en uno de sus tramos más áridos y más libres: kilómetros de estepa de Santa Cruz sin nada en el horizonte salvo el viento y las señales de ruta. Algunos días de viaje después, esa misma lógica de camino lleva hasta el final de la Ruta 3 en Ushuaia.
Es decir: la ruta que atraviesa el parque donde Lucas Bridges construyó su estancia puede terminar —si uno tiene tiempo y ganas— en la bahía donde nació. En Harberton, la estancia familiar que abrió al turismo, es posible visitar una pingüinera y el pequeño museo de la familia que dio origen a este relato. El mundo llega hasta sus propias orillas.

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